jueves, 14 de abril de 2011

Esto no hay quien lo detenga

"¡Música! Melancólico alimento para los que vivimos de amor." Rayuela. Julio Cortázar.


Hoy toca miscelánea. Hay muchísimas novedades musicales en nuestra orquesta. Parece que estamos adquiriendo la madurez necesaria en ciertas obras, a  la vez que vamos introduciendo otras, con la perspectiva de tocarlas próximamente, ... o no tan próximamente.
  

Noticias musicales

Ruben, de rojo, detrás de Josep Maria Serrado
En primer lugar, estamos preparando el Concierto para violín y orquesta en Re menor de Felix Mendelssohn. No es el archiconocido, sino que se trata de un concierto para violín y cuerdas que compuso cuando era adolescente para su propia orquesta. Hoy hemos empezado a leerlo. El solista será el gran Rubén, que es una nueva incorporación de este año. Es un

Ruben

violinista profesional, joven y brillante, que además, da clases a mi amiga Lola, de la que hablo más abajo.

También hemos empezado a ensayar la obra para orquesta de cuerdas “Vistes al Mar” de Eduard Toldrà. Esta obra fue compuesta inicialmente en 1921 para cuarteto de cuerda, y posteriormente le gustó tanto que la adaptó para orquesta para ser tocada por la Orquesta de Barcelona, que él dirigía. Es una de la obras más inspiradas de Toldrà, y está basada en tres poemas de Joan Maragall, alguno muy conocido que en las escuelas de Catalunya se aprendía de memoria cuando yo era niña: “La Ginesta”, “Allà a les llunyanies del mar” y “La mar estava alegre”.

Si queréis escuchar una buena versión, al menos desde mi punto de vista, buscad la grabación que hizo el Cuarteto Casals. Tal como lo comenta Ana María del Valle, se trata de una obra viva y llena de luz. Antes de cada pieza también aparece la lectura del poema correspondiente de Joan Maragall

Hoy, además, nos han repartido unas partituras de Sibelius, con la promesa de que no eran muy difíciles.  Sin embargo nos la hemos visto y deseado para hacer pizzicatos con doble cuerda, síncopas rápidas y acordes dolorosos, todo ello leyendo a primera vista en unas transcripciones hechas a mano. Se trata de la Romanza en Do (op. 42) y Andante Festivo (op. 117 a).


Nuevos fichajes

Jordi Fluvià, Josep Gelpí, Santiago Rosales y Carolina Segarra
Además de Rubén, nuestro flamante y virtuoso violinista, se ha incorporado hace ya varias semanas Roderic, que está en los primeros violines, y desde hoy, Carolina Segarra, que estará en los segundos violines. En cuanto a Carolina, puedo deciros que está encantada y le he tomado una foto mientras  la rodeaban mis amigos cellistas. Carolina es nada más y nada menos que la hija del Dr. Segarra, fundador de nuestra orquesta junto con el Dr. Soler. Ahí es nada. La música, por lo tanto, la lleva en los genes; qué suerte! Tengo ganas de que me cuente un día la historia de su familia.

Dos violinistas: Lola y su amigo
Por otra parte, y ya que hablamos de violines, esperamos que se vuelva a unir a nosotros mi querida Lola, pianista y alumna destacada de violín de Rubén. De hecho, conozco a tres alumnos de violín del Rubén, y he de decir que ella es la mejor de los tres, con diferencia. Comenzó con nosotros a principios del curso, pero tuvo que dejarlo por incompatibilidades varias. Por cierto, también le hemos preguntado si tiene algún amigo que se anime a venir a tocar con nosotros, y dice que sí, que conoce a alguien, y ya se lo preguntará, no sé. Aquí os dejo una foto en la que aparece con su amigo misterioso, creo que ella es la del pelo negro rizado.

Más cosas, más cosas: nos ha escrito Gemma, la violinista más viajera de la orquesta, diciendo que el mes que viene regresa. Hurra!


Josep Maria Serrado
Y por último una mala noticia para la orquesta: Josep María Serrado, el concertino, nos deja temporalmente porque se marcha a vivir a Estados Unidos durante unos meses. Mucha suerte, sigue tocando, y vuelve pronto!


Rumores y cotilleos

Estas son ideas que necesitarán trabajo, reuniones, discusiones y alguna que otra copita en petit comité antes de llegar a materializarse, pero ahí van:

Se cotillea y se rumorea que el año que viene vamos a poder tocar un concierto de Haydn para piano y orquesta con cierto pianista secreto cuyo nombre ya revelaré en su momento.

También se ha cotilleado en círculos muy íntimos que cierto contrabajista quiere tocar con nosotros un concierto para contrabajo y orquesta de un compositor catalán. Y hasta aquí puedo leer.


Próximos conciertos

Yo lo voy diciendo, pero lo repetiré de vez en cuando por si acaso: reservaos las fechas de los dos conciertos que daremos antes del verano:

Jueves 12 de Mayo, en el Col.legi d’Advocats de Barcelona

Jueves 9 de Junio, en el Col.legi dels Jesuïtes de la calle Casp nº 25.


Fotos del Concierto de Caldes de Montbui

Pues no hay.


Pero por suerte, el marido de Kim nos tomó estas fotos durante la prueba de sonido que hicimos antes de comenzar, y creo que os podéis hacer una idea de cómo estuvimos.


 




 
Por cierto, a mis compañeros de la orquesta: me encantan los comentarios en el blog! Gemma me dijo que tenía dificultades para escribirlos, pero creo que ya lo he solucionado. Así que ánimos!





jueves, 7 de abril de 2011

Las perlas del dire (III)



“La música debería haber sido realmente una ciencia hermética, conservada en textos con una interpretación tan extensa y difícil que habría desanimado a buen seguro a todo ese tropel de gente que se sirve de ella con la ligereza con que se sirven de un pañuelo.”  Claude Debussy




Hemiolias y Sextas Napolitanas

Trabajar una partitura a fondo, aprovechando todos los recursos compositivos que dispuso el autor, desenterrando los secretos armónicos escondidos entre las barras de los compases como un niño que busca huevos de pascua camuflados entre los muebles de la casa:

Manos y batuta de Juan Cantarell

esto es lo que hace Juan Cantarell, nuestro director, con sus “perlas”. Sin embargo, del mismo modo que hay quien no da puntada sin hilo, él no da perla sin intención.



En este caso, ocurrió analizando una pieza que venimos preparando y mejorando desde hace unos tres meses, un Concertino para cuerdas de Carlo Ricciotti. Ya he comentado en otras ocasiones que la obra se atribuyó a Pergolesi durante un tiempo, y ahora se tiende a atribuir su autoría a Unico Willem van Wassenaer (algún día explicaremos las anécdotas referidas a estos tres individuos). Bueno, pues resulta que este concierto barroco, no muy conocido, está tan sembrado de juegos rítmicos y devaneos con las tonalidades como el que más. Quién sabe cómo sonaba en “versión original”, con los instrumentos auténticos y en el entorno para el que se escribió!

Pero lo que sí podemos desmenuzar, la partitura que nos ha dejado, está repleta de detalles importantes que condicionan la interpretación y que se dirían auténticos guiños al futuro, secretos y curiosidades que nuestro director ha ido desvelándonos en forma de “perlas”. De modo que, con su permiso, hoy me he propuesto desgranar dos de las llamadas perlas del dire.


La Sexta Napolitana

Tanto Ricciotti (1681-1756) como Pergolesi (1710-1736) y Wassenaer (1692-1766) vivieron y trabajaron en el siglo XVIII, de manera que pudieron heredar algunos de los conceptos introducidos por el compositor napolitano Alessandro Scarlatti (1660-1726). Este último, si no fue el creador, sí fue uno de los primeros en utilizar el acorde con el sugerente nombre de sexta napolitana.

En algunos compases de la obra mencionada aparece uno de estos acordes, y Juan nos lo hace notar para que seamos plenamente conscientes de ello y lo ejecutemos con una intención invisible pero perceptible. Creedme: no es lo mismo pasar una obra de manera automática, prestando atención sólo a la digitación, a los arcos y al ritmo, que hacerlo conociendo estas deliciosas complejidades hechas a propósito para enriquecer la música. En aquella época, este tipo de resoluciones de acordes eran relativamente nuevas, aunque posteriormente, como más o menos todo en la música y en la vida, fue utilizado en el clasicismo y en el romanticismo, y sigue vigente.

No pretendo en modo alguno dar una clase sobre lo que es una sexta napolitana, pero simplemente diré, resumiendo, que se trata de un acorde del segundo grado (es decir, por ejemplo, en la escala de la menor, el segundo grado sería el si), en el que se altera descendentemente medio tono la fundamental. En el ejemplo se ha transformado el si en si bemol. ¿Por qué, entonces, se le llama sexta? Porque comúnmente se suele utilizar la primera inversión del acorde, añadiendo la fundamental en el bajo. 



El acorde ii




El mismo acorde tras disminuir la fundamental del mismo: Sexta Napolitana

Al alterar de forma descendente la fundamental del acorde, se crea una mayor tensión armónica y un estado de ánimo especial, como anhelante. De hecho, la música estaba por aquel entonces muy a menudo al servicio del texto, generalmente muy poético y lleno de sentimientos muy intensos de todo tipo, el cual se intentaba potenciar con estos efectos conseguidos a base de progresiones de acordes ingeniosos o progresiones armónicas (y además, en el sur de Italia!!!).


La Hemiolia o Hemiola

 Hemiolia es una palabra griega que significa “entero y medio”, y que se ha consagrado a la música. Los autores italianos llamaban hemiolia a ese tipo de compás triple en que cada tiempo es una negra. La hemiolia actual consiste más o menos en tocar dos compases de tres tiempos como si se tratara de tres compases de dos tiempos. De este modo se obtiene un recurso rítmico que da por un momento la sensación de estar tocando un patrón binario cuando lo que está escrito es ternario. En la obra de Carlo Ricciotti aparecen varias de estas figuras, y cuando nos acercamos al compás en cuestión, a veces el director nos grita “HEMIOLIA!”, para que lo marquemos de manera correcta, enfatizando los tiempos adecuados.

La gracia de la hemiolia está en que puede ser utilizada de forma consecutiva, es decir 1-2-3, 1-2-3, 1-2, 1-2, 1-2, o bien de forma simultánea (con las diferentes partes de la orquesta, o bien en el piano, cada mano hace un ritmo). He encontrado dos ejemplos, uno de Haendel, y otro de Brahms, en los que se entiende perfectamente este concepto.


 

Para los amantes de la música como yo, estas “perlas del dire” son joyas. Gracias, Juan, no sólo por dirigirnos, tolerarnos, aguantarnos y encima mejorarnos, sino también por enseñarnos estos secretos herméticos.


jueves, 24 de marzo de 2011

Recuerdos de un concierto

          I don't know whether I like it, but it is what I meant.                    Ralph Vaughan Williams

         
 Me imagino que las orquestas profesionales de prestigio deben estar acostumbradas a que las cosas les salgan bien y que sus actuaciones sean un éxito. Pero a nosotros, cuando un concierto nos sale redondo, como el que dimos el pasado domingo en Caldes de Montbui, nos queda un dulcísimo recuerdo que nos dura semanas, y nos empuja a seguir reuniéndonos para tocar y ensayar con ánimo fresco y optimista.

El domingo después de comer nos distribuimos en varios vehículos para llegar a esa población, donde vive Domènec, que está a una media hora de Barcelona. Josep Maria Serrado, el concertino, llevó a tres violinistas más. Mi amigo Jordi llevó a Roser, nuestra contrabajista profesional, cuyo primer instrumento es la flauta travessera. De modo que en el coche iban ellos dos, junto con un violonchelo y un contrabajo. Yo, por mi parte, me llevé a mi violonchelo y a Juan Cantarell, el director. Le recogí en la esquina de la calle Balmes con Plaza Molina, y después de perdernos tres veces por culpa del GPS, llegamos al pueblo de Caldes.

En el centro del pueblo todas las calles estaban cortadas porque era día de mercado de productos artesanos como quesos, miel, bizcochos, yogures, mermeladas, cocas y embutidos. Tras las dificultades para encontrar aparcamiento a causa del mercado, tuvimos que pasar con los instrumentos por delante de las paradas. Entonces Juan se  entusiasmó, pues una de sus pasiones es cocinar, y tuvo tentaciones de comprarse más de la mitad de los productos de cada parada ante la que pasábamos. Por suerte, como íbamos con el tiempo justo para poder empezar puntuales la prueba de sonido, encontramos el Casino de Caldes enseguida.

¿Por qué siempre los cellos somos los primeros en llegar a todas partes?
Domènec, Josep y Santiago Rosales
Allí estábamos puntuales, los cinco, más Domènec i Juan, montando el escenario. Esta es una de las partes de los conciertos que más me gustan: colocar sillas, atriles, apartar cosas, dirigir a todos los músicos a la habitación para cambiarse. En esta ocasión era un lujo: teníamos una habitación sólo para las chicas, con confortables sillones,  un perchero en el centro donde colgamos los abrigos, y un espejo para poder darnos unos retoques. Por desgracia para el blog, esta fase previa fue la única en la que pude hacer fotos, ya que luego fuimos muy ajetreados, y es totalmente imposible tocar y sacar fotos al mismo tiempo. Confío en que alguien me envíe durante estas semanas algunas imágenes adicionales del concierto. Pero he escogido todas estas instantáneas espontáneas de la prueba de sonido previa al concierto.

Por costumbre, en nuestra orquesta siempre hay unas consignas muy claras respecto al atuendo en ls conciertos. Tenemos cuatro posibilidades: que los chicos vayan con pajarita, que vayan con corbata, que vayan sólo de negro, o que vayan como quieran. Siempre depende de adónde vamos, para quién tocamos, con quién tocamos, y qué tocamos. Antes del concierto se dan las indicaciones. En esta ocasión se nos mandó un email con los últimos detalles, en el que se podía leer: “vestimenta: corbata”.

El atril del director. Al fondo, Tina
Casi siempre las mujeres nos quedamos sin consigna, pero se supone que hemos de ir más o menos de negro. Sin embargo ese es un detalle que nadie especifica nunca demasiado.

Bromas aparte, yo me vestí de negro con ropa sencilla (pantalón y una blusa), pero el día anterior había tenido un capricho-corazonada y pensé que me merecía unos zapatos, de modo que me fui a varias zapaterías hasta que encontré unos preciosos con taconazos de 10 centímetros y plataforma. Los metí en la bolsa de conciertos junto con las partituras, el atril y la correa para la pica.

Me los calcé justo en el momento de salir a tocar, y de pronto, con ellos en los pies, me sentí imbuida por una pasmosa seguridad mágica que no había tenido hasta ese momento. Nadie los vio, porque llevaba pantalones muy largos que los cubrían, y porque me siento detrás del grupo de violonchelos. Pero yo, allí sentada, con mis taconazos que me permitían mover el instrumento con una soltura distinta, con las rodillas más altas, comencé a intuir que algo grande estaba a punto de ocurrir.

Comenzamos con una presentación que nuestro anfitrión Domènec dirigió a los asistentes. No os lo perdáis: en verso. La sala, enorme, no estaba llena, pero se notaba una complicidad especial entre los músicos y el público.

Josep Gelpí y Jordi Fluvià
Tras el mini-pánico del comienzo, que básicamente consiste en que todo el programa se te hace muy cuesta arriba, no te acuerdas de cómo te llamas, no te acuerdas del tempo del primer movimiento de la primera obra, y muchas veces miras los atriles ajenos para estar totalmente seguro de que esa, y no otra, es la obra que hay que tocar, comenzamos a tocar el Concertino de Ricciotti, o Wassenaer, o Pergolesi, o quien quiera que fuera el que lo compuso (ver entradas anteriores). Después, nuestro Pedro Zacarías dejó el violín, sacó el oboe, y comenzó la magia del concierto para oboe y orquesta de Marcello. Todavía es como si lo estuviera oyendo; durante la ejecución nos acordamos de las palabras del director durante los ensayos, “el placer de acompañar”.
Helia, al teclado

Roser y Santiago
Jaume, Kim y Ferràn
Después de una breve pausa para echar unas risas y destensarnos, salimos otra vez, bajo los aplausos de los montbuiencs. Comenzaba lo grande. Por primera vez tocábamos en público las hermosísimas danzas de Grieg y sus Melodías Elegíacas: La primavera, El primer encuentro (según Juan Cantarell, dedicada al que fue el primer amor del compositor), corazón herido, y la más vigorosa, A la Noruega, en la que a Santiago y a mí nos toca hacer unas notas largas sincopadas fortissimo que nos han traído más de un estrés durante los ensayos.

Es maravilloso estar tocando en una orquesta cuando notas que estás haciendo auténtica música, sublimando el trabajo del compositor, dejándote llevar como un junco al viento por las indicaciones del director, al que mirando de reojo en los pasajes más exultantes se podía ver sonriendo y con los brazos totalmente abiertos, más como bailando o volando que dirigiendo. Juan ya estaba planeando sobre el verano boreal y nosotros nos sentíamos como navegando por un fiordo en un crucero que se acerca a Bergen.
Roser y Toni

Al final ellos aplaudían, nosotros sonreíamos, y nos levantábamos y sentábamos. Luego el concertino Josep Maria Serrado tocó la Méditation de Massenet, una pieza que todo el mundo más o menos conoce, y hay que decir que estuvo especialmente inspirado, quizás porque venía de celebrar su santo en una comida familiar. Le tengo prometido que un día me tomaré una cerveza Guiness con él antes de tocar, pero es que no me atrevo.

Por fin llegó el momento más apoteósico. Juan Cantarell nos miró con una sonrisa contenida y concentrada, y bajó despacio su  batuta blanca para que comenzara a sonar nuestra obra estrella, “Fantasía sobre un tema de Thomas Tallis” de Vaughan Williams. Es una pieza espléndida y la habíamos preparado a conciencia. La mayoría de nosotros opinamos que el domingo la tocamos como nunca. Como dicen los profesionales, “hubo cosas”, sí, de acuerdo, pero nadie las notó y nos quedamos muy satisfechos.
El gran Paddy

Luego, a cambiarse, recoger de nuevo los trastos, el teclado, los atriles, y caminar hacia los coches. Juan y yo fuimos paseando lentamente con Jordi, el violonchelista y Roser, la contrabajista. Para ello tuvimos que atravesar de nuevo el mercado, en el momento en que los vendedores también estaban desmontando las paradas, pero todavía quedaban algunas a medio desarmar y había cierto movimiento.


Esta vez nada ni nadie fue capaz de detenerlo: Juan Cantarell se compró dos quesos de cabra, una butifarra negra, un bull, un tarro de miel, dos botellas de aceite de oliva virgen, y también un trozo de coca, cómo no, “de músico”, que se comió de camino al parking. Puede que tuviera mucha hambre. Pero ya os digo yo que no le hacía falta ni un gramo de postre de músico, pues a este hombre la música le sale por los poros.
Juan Cantarell

Durante el viaje de regreso, en el que no me perdí, me regañó por no haber leído todavía el libro “El ruido eterno”, de Alex Ross (“The rest is noise” es el título original), a pesar de habérmelo comprado y tenerlo en casa. Ya voy por la página 76. Leedlo.

Al terminar de corregir este post ya se ha producido el primer encuentro tras el concierto. Tenemos montones de proyectos nuevos y de sorpresas. Pero no me caben todos en una sola entrada. Atentos a los meses venideros.

domingo, 13 de marzo de 2011

Soñando en el futuro


Hace muchos días que no actualizo el blog, pero sin embargo la actividad de la orquesta no se ha visto interrumpida en modo alguno. Al contrario, estamos muy nerviosos ya con los preparativos para el concierto del domingo día 20 de Marzo en Caldes de Montbui. 

Nosotros, ensayando...

El concierto tendrá lugar exactamente en el Casino de Caldes de Montbui, en el Carrer del Forn número 15, y empieza a las 18 horas. Ya os he hablado largamente sobre el programa durante post anteriores. Creo que será un concierto fantástico.

Tengo muchas noticias que contar, pero como hoy voy corta de tiempo, creo que me voy a limitar a hablar de una que me hace una especial ilusión: existe el proyecto en firme de que volvamos a colaborar con nuestro querido Matthias Weinmann. 

Matthias es un excelente violonchelista, y lo podréis encontrar todas las noches al pie del cañón en la orquesta del Gran Teatre del Liceu. En estos momentos debe de estar marcándose las 5 horas y cuarto del Parsifal. Para hablaros de Matthias necesitaría un libro de 200 páginas y no un solo post.

Pero como confío en que tendré otras ocasiones para hablar de él, os paso el siguiente chivatazo: tenemos posibilidades de que toque con nosotros el concierto para dos violonchelos de Vivaldi, junto con una violonchelista amiga suya. Eso será para el año que viene, pero me ilusiona por varios motivos. El más importante es sencillamente que me encanta colaborar con Matthias. Pero he de confesar que siento una especial debilidad por esta obra de Vivaldi. Mi predilección por esta obra no es únicamente musical, sino que tiene algo de reto que me motiva mucho. Todo aspirante a violonchelista que se precie creo que la ha intentado tocar. Tiene momentos muy divertidos y emocionantes para los solistas.

Mi hija y yo la ensayamos a menudo durante los veranos, intentando acelerar adrede en algunos momentos. En un pasaje hacia la mitad del primer movimiento, en los que la música que producen los dos violonchelos solistas se asemeja a un motor que rueda peligrosamente hacia la culminación de la frase, nos gusta mirarnos, reírnos, y gritar “ay, ay, ay, que viene, que viene!” mientras nos precipitamos hacia los compases más difíciles. Nos divierte producir un sonido tan potente con los instrumentos que se oiga más que nuestros propios aullidos. Le llamamos “meter follón” con el violonchelo.
Naturalmente, en manos de Matthias y de nuestro director, no será un follón, sino que será una auténtica delicia prepararlo, ensayarlo y tocarlo como orquesta.

Con el objetivo explícito de “hacerme la chula”, también os quiero poner estas fotos de Matthias, tomadas en una excursión que hicimos a Mallorca, en la que nos machacó caminando. En la vida no todo es música ni tampoco todo es trabajo.



 Nada más por hoy, noticias pronto aquí y en la web de la orquesta.


domingo, 20 de febrero de 2011

La parte más femenina de la orquesta

Para variar, hoy no hablaré de nuestra orquesta, sino de otra orquesta.


Se trata ni más ni menos que de la “Orquesta Femenina de Barcelona”, fundada en 1932 por la pianista y directora Isabel de la Calle. Posteriormente pasó a llamarse “Orquesta Clásica Femenina”. Su trayectoria fue notable, con crecientes éxitos, y colaboraciones históricas, como las de la violinista Rosa García Faria o la joven pianista Alicia de Larrocha. Tocaron hasta entrados los años setenta en que su actividad se fue diluyendo.


¿Por qué menciono esta orquesta hoy? En primer lugar, porque me parece un hecho histórico muy significativo si tenemos en cuenta las condiciones de la mujer en las décadas pasadas. Las veintitantas chicas que componían el grupo, todas excelentes intérpretes, dedicaban gran parte de su tiempo a participar en esta formación musical, haciendo equilibros con los horarios de sus trabajos o con sus obligaciones familiares.



Pero tenemos más cosas aún en común con ellas, además del hecho de ser una orquesta amateur. En primer lugar, gracias a una serie de coincidencias, somos depositarios de gran parte de su fondo de partituras. Y en segundo lugar y mucho más importante, tenemos entre nosotros a algunas de las intérpretes que la constituyeron.



Se trata de las violinistas Helia Elpón, Rosa Biota, Lupe Galobardes y Teresa Bonaparte, entre otras. Bueno, Teresa ya está “jubilada” de la orquesta, pero sólo porque ella quiere.


De ellas, me gustaría hoy dedicarle una mención especial a Helia. Cuando hace algunos años, al poco de incorporarse a nuestra orquesta, vino a pasar la tarde a Cadaqués con su familia, le presenté a mis padres, y hablaron de música. Pero en aquel entonces yo no sabía bien con quien estaba hablando. Helia fue violinista profesional de la orquesta del Gran Teatre del Liceu antes de ejercer de violinista en nuestra orquesta. No contenta con eso, si se tercia, es capaz de interpretar como solista el concierto para piano de Grieg, o el concierto para dos violines en Re menor de Bach.


Pero algunos de mis amigos me han pedido que no olvide comentar una gran anécdota sobre Helia. En sus tiempos de profesional en la orquesta del Liceu, curiosamente estaba establecido que los salarios de las mujeres músicos fueran inferiores al de sus compañeros masculinos. Si desde entonces, y para siempre más, la situación cambió y ahora hombres y mujeres perciben el mismo salario, ni un euro más ni un euro menos, es gracias a las gestiones que en su día hizo Helia.


El otro día la interrumpí mientras ponía resina a su arco, y le pregunté cómo lo consiguió.

“Muy fácil”, me dice,

“Me planté delante del director y le dije claramente, maestro, este señor que tengo al lado toca igual que yo, y las mismas horas que yo. Y él me miró pensativo, y me respondió, tienes razón”.


Supongo que el hombre no calculó el poder de convicción de su mirada fija.


Al parecer el maestro tampoco sabía bien con quién estaba hablando.


Muy pronto os contaré cosas sobre las demás damas violinistas, Lupe, Rosa y Teresa.

sábado, 12 de febrero de 2011

Las perlas del dire (II)

¿Qué es ser romántico?

Todos tenemos la imagen de que ser romántico tiene que ver con priorizar los sentimientos y la libertad, y rechazar el racionalismo y el normativo clasicismo; algo compatible con coger y tirarse por la ventana de manera impetuosa, por una causa sin solución, como un amor, una amistad o un ideal. Sin embargo, para los músicos, el romanticismo podía suponer todo lo contrario, como dilatar la llegada de algo realmente esperado.

Tan esperado como el alivio y el gozo de la resolución de una progresión armónica.

Y quién lo inventó?

Franz Schubert.

Como dicen los libros, a Schubert se le sitúa en el primer romanticismo. Sin embargo, ya realizó innovaciones en la armonía que luego fueron utilizadas masivamente por todos los que le siguieron. Eso lo consiguió acentuando la tensión a través del tratamiento armónico que acompañaba a sus melodías. Siendo tan romántico, aventuraba realizar modulaciones, estableciendo lo que es el desarrollo en los ámbitos de las tonalidades mediantes, es decir la tercera o la sexta, de la tonalidad principal. Se demoraba, pues, en el camino hacia la resolución. Para nuestro maestro Joan Cantarell, este gesto caprichoso, este paseo voluble, lleva implícita la quintaesencia del romanticismo que latía en el interior de su caja torácica. Nos lo describe sentado ante su piano, componiendo durante todas las horas del día y todas las horas de la noche, tapado con una manta para combatir el frío riguroso vienés, sin dormir apenas, y, cuando el sueño se hacía imperioso, hacerlo sobre el teclado, recostando la cabeza sobre el antebrazo, cubierto por la manta que tenía sobre la espalda.

Nos lo imaginamos perfectamente, joven y romántico, aprovechando hasta el último aliento de inspiración, evitando alejarse del piano, y por qué no, bebiendo una pizca de vino de tanto en tanto, para entrar en calor física y espiritualmente. En fases más expansivas se deja secuestrar por su círculo de amigos queridos, intelectuales y artistas, circulando por las tabernas o celebrando tertulias y Schubertíadas.

Los médicos lo comprendemos a la perfección, ya que todos hemos preparado nuestros exámenes durante la carrera de un modo parecido: dormitando unos minutos sobre la mesa de estudio, a altas horas de la madrugada, para despertarnos envueltos en frío, tomar algo caliente y continuar. La bebida, sin embargo, suele ser café.

El joven Schubert fue, pues, el creador de esta y otras innovaciones armónicas. Cuando pensemos, pues, en ser románticos, no lo apuremos todo de golpe. Estamos en febrero y el monte está lleno de almendros en flor.

miércoles, 9 de febrero de 2011

De Noruega a Darmstadt pasando por Catalunya

Los compositores proyectamos lo infinito en lo finito. Edvard Grieg. Del libro de Arthur M. Abell, "Talks with Great Composers"


He tardado un poco más de lo habitual en actualizar el blog, pero no por falta de novedades ni de proyectos, qué va. Como orquesta tenemos una serie de obras de repertorio, pero también nos gusta aventurarnos y abarcar nuevas piezas. Desde hace un mes estamos preparando a conciencia cuatro danzas de Edvard Grieg, que van cobrando color y carácter día a día. Se trata de Melodías Elegíacas I y II (La I se llama nada menos que “corazón herido”), y para “desengrasar”, Dos Melodías “A la Noruega” y “Primer Encuentro”. Bien dirigidas son hermosas, y creo que al final el maestro Joan Cantarell se saldrá con la suya.

El “estreno” será el próximo 20 de Marzo en Caldes de Montbui. También presentaremos una obra de repertorio, el Concierto para Oboe en re menor, de Alessandro Marcello, con nuestro Pedro Zacarías como solista. Pedro toca a la perfección el violín, la viola y el oboe, y en este caso nos deleitará con sus habilidades en este último. Alessandro Marcello, por cierto, era hermano del Benedetto Marcello, de quien los violonchelistas solemos tocar algunas sonatas. En cuanto a la obra de Alessandro, en mi particella pone “Violoncello o Viola da Gamba”, como curiosidad.

Hay que decir que en nuestra orquesta hay gente realmente buena que toca indistintamente violín o viola, además de un tercer o cuarto instrumento. En épocas en que vamos “cortos” de violas, como suele ocurrir en muchas orquestas amateur, me imagino, algunos de los violinistas se ofrecen para ser violas. También ocurre en el caso de que toquemos obras en que las violas se desdoblen tanto que no nos alcanza con cuatro o cinco como es el caso de la Fantasía de Vaughan Williams.

Otro ejemplo es Domènec, uno de los integrantes más veteranos de la orquesta. Domènec, gracias a su ubicuidad y a su capacidad de organización, por su don de gentes y simpatía, es el que nos ha proporcionado muchísimos “bolos”, como es el caso del próximo concierto en Caldes de Montbui, donde hemos actuado en varias ocasiones gracias a él.


No hay nada como ser de pueblo. Domènec es un amante de la música y del arte, inquieto y curioso, orgulloso de sus raíces y feliz de buscar siempre amigos cerca de casa y lejos de ella. Viene cada martes desde Caldes, donde vive, que por cierto está a más de 33 kilómetros, pero siempre es de los primeros en llegar a todas partes. Cuando hace buen tiempo también viene con él Tina, su chica de ojos azules, con quien lleva casado desde que tenía poco más de veinte años.

En la orquesta es muy querido por nosotros, los violonchelistas, y cuando tiene problemas con sus amigos violas, nosotros lo protegemos, como puede verse en esta foto:


En Caldes, Domènec es toda una institución, publicando artículos de opinión en la prensa local, difundiendo el arte de su tierra, y viajando cada año a Alemania donde ha promovido la hermandad de su población con la ciudad de Taunusstein, cerca de Wiesbaden. Aquí, a la izquierda Caldes y a la Derecha Taunusstein.



Siempre lo encontraréis en la escuela de música Joan Valls, estudiando su instrumento o preparando festivales conmemorativos de todo tipo, como éste.

Pero todo esto no tendría ningún sentido sino añadiera lo más importante: que Domènec es un ser humano espectacular, y una de las personas que más me alegra ver cuando llego a los ensayos. Espero que no se enfade si añado esta foto que nos hicimos con su móvil hace un par de años al terminar un concierto.

Nada más por hoy. Pero seguiré, pues tenemos montones de anécdotas que contar, nuevas "perlas del dire", personajes a los que presentar y aún quedará tiempo para alguna reflexión que tengo preparada sobre el espíritu romántico!.

Gracias a Kim por la cita del libro de Abell.